domingo, octubre 19, 2008

sobre la comida


La comida es algo que, necesariamente, nos acompaña a lo largo de la vida. Hay personas que dicen comer solo para mantener la vida. Hay otros que hacen del alimento una ciencia. Pero tambien los hay que ven en la comida un festejo, una manera de agazajar a otros, de convivir en el placer de la comida y en el placer de la sobremesa.

Mi padre es, según dice él, de los primeros. Aunque yo a veces lo dudo, porque le he visto disfrutar del mole con pollo, del marron glace, o de algunas otras cosas. Es, sin embargo, sumamente medido, lo que debe ser muy sano.

Mi abuelita materna, la muñeca, como algunos le conocían, era una gran aficionada a la comida y a compartirla. Las comidas en su casa eran memorables; hasta la fecha no puedo hacer que mi esposa me perdona el no haberla invitado más veces durante nuestro noviazgo. Solo una vez asistió a tal banquete, para no olvidarlo jamás.

Coleccionaba recetas de cuanto lugar encontraba, sus amigas le proporcionaban otras tantas. Su recetario, unos cudernos que terminaron a punto de desarmarse, están llenos de las cosas más deliciosas que ella probó. Si su escritura - y ortografía - no era buena, no importa, hace honor a quien le pasó la receta, o hace alguna anotación como "TORTA DE HELOTE (Le encanta a mi Marcelita)", para recordar que es del gusto de una de sus nietas, y así poderla agazajar.

Núnca la vi cocinar, pero tenía trabajando en su casa a un cocinero que le preparaba una infinidad de cosas. Las comidas familiares, donde siempre habíamos más de veinte personas todos los domingos, se acrecentaba con los invitados: algúna amistad de mis abuelos; la maestra de primaria de mi madre; la tía postiza; familiares que aparecían de vez en cuando; el amigo de mi abuelo, de Sonora, quien lo acompañara en la revolución; Modesto, el brillante socialista español con su esposa alemana; algún pariente de Canarias que venía a conocer a la familia; algúnos invitados de los nietos o de los tíos. En fin, muchas personas pasaron por esa mesa.

Los platillos eran variados. Primero, una mesa con la botana: tacos verdes, o de chilorio sonorense, ceviche de pescado, panuchos, hostiones al horno, chiles cuaresmeños rellenos de queso, o cualquier antojo o novedad que le apeteciera a mi abuelita. Para la comida, algún platillo sorprendente. Recuerdo un huachinango entero grande, frío, cubierto con una salsa de mostaza, que iva mostrando su esqueleto poco a poco.

Las cenas de Navidad también son de recordarse, con toda la casa adornada, unos pinos llenos de esferas y foquitos, la pedida de posada, todos elegantemente vestidos para la ocasión. Había el tradicional pavo con relleno, y pavo ahumado, romeritos con tortitas de camarón en mole, bacalao a la viscaína, mazapanes y dulces de almendra, unos pastelitos cubiertos con glacé y adornados con una flor de nochebuena, peladillas y colación.

Mi madre heredó el gusto por agazajar a las personas con comida. Ella, en su turno, también adornaba la casa familiar con esmero, cuidando los detalles, escogiendo las viandas para tener una velada cálida y gozosa. Mis hermanas, las seis, también son buenas anfitrionas, ofreciendo en la comida su cariño y amistad.

Confieso que a mi me gusta también celebrar con comida, me agrada juntarme con los amigos para comer. No solo es lo que se degusta, que es parte importante, sino el ambiente agradable, de satisfacción, que permite la plática, el compartir, el pasar el tiempo juntos en una actividad vital que se reviste de arte y tradición. Todos los seres vivos se alimentan, pero nosotros hacemos del alimento algo más que la simple satisfacción de una necesidad. Lo convertimos en ritual, en unión de grupo, en el sofisticado acto de preparar los alimentos para transformarlos y ofrecerlos, compartirlos.

El sábado pasado, por ejemplo, me reuní con unas amigas a comer. Había motivos para hacerlo, unas terminaban sus estudios de maestría, otra cumpliría años, los otros, o tal vez todos, simplemente queríamos celebrar la amistad. Nos reuniríamos en algún restaurante, así que la diversión empezó desde la selección del lugar. Al final nos decidimos por un lugar de comida japonesa, que a todos nos gusta. Pasamos en el lugar unas tres horas, comiendo, platicando, rememorando y riendo. Son estos momentos los que le dan vida y fuerza a un grupo de amigos. Es algo que nos une, nos permite compartir y gozar, informarnos de nuestras vidas y las de otros, hacer de la amistad algo vivo. Todo esto en el acto de alimentarnos.

domingo, septiembre 14, 2008

Martini seco


Hace unos días, María José estaba con la idea de probar el Martini. Me contagió la idea, y le pregunté a mi suegra por la bebida. Ella solo dijo que alguna vez se sirvieron Martinis en su casa, pero de eso hacía mucho tiempo. Agregó que "es una bebida inventada por los gringos par poder ponerse a tono en el corto tiempo de la comida" (lunch). Al Martini lo recuerdo en una infinidad de pelicula estadounidenses, al menos de cierta época, la época de Sinatra. Hasta James Bond tomaba su Martini. Incluso, y esto fuera de las películas, el Sr W. Churchil, famoso por beber Whisky, era aficionado al Dry Martini.


Busqué algo de información, y me enteré que la ginebra, que creía de origen inglés, en realidad fué creada por un holandés, y que su nombre terminó en el vocablo inglés que ahora todos conocemos.


Decidido a probar, me lancé por una ginebra (Bombay Sapphire, de fabuloso aroma) y Vermouth seco (Cinzano). En la compra estaba seguro, pero no en la receta, ya que me encontre distintas, que variaban en la proporción de los ingredientes.


De acuerdo al "Mr. Boston Official Bartender's Guide", el Martini se prepara con 1 1/2 oz. de ginebra y 3/4 de onza de vermouth seco. El Martini seco con 1 1/3 de oz. de ginebra y 1/3 de Vermouth seco; el extra seco lleba 2 oz de Ginebra y 1/4 de oz. de Vermouth seco. Yo me fuí con el tradicional, en una proporción de 2 a 1.


María José no acaba de saber si le gustó, a mi me pareció una bebida que puede convertirse en una de las preferidas, adornada con sus aceitunas. Hoy, al comentarle a mi suegra sobre nuestras impresiones, solo dijo que es una sabor al que hay que acostumbrarse. Por lo tanto, tendremos que seguir probando, lo que no está nada mal.


Agrego una nota que encontré, que se refiere a Luis Buñuel:


El Dry Martini del Maestro
"En un bar, para inducir y mantener el ensueño, hay que tomar gin inglés. Mi bebida preferida es el Dry Martini. Dado el papel primordial que ha desempeñado el Dry Martini en esta vida que estoy contando, debo consagrarle una o dos páginas (...)Básicamente se compone de gin y unas gotas de vermouth, preferentemente 'Noilly-Prat' (N. de la R.: digamos, 'Martini Seco').Permítaseme dar mi fórmula personal, fruto de larga experiencia, con la que siempre obtengo un éxito bastante halagüeño. Pongo en la heladera todo lo necesario, copas, ginebra y coctelera, la víspera del día en que espero invitados. Tengo un termómetro que me permite comprobar que el hielo está a unos veinte grados bajo cero. Al día siguiente, cuando llegan los amigos saco todo lo que necesito. Primeramente, sobre el hielo bien duro echo unas gotas de vermouth y media cucharadita de Angostura, lo agito bien y tiro el líquido, conservando únicamente el hielo que ha quedado, levemente perfumado por los dos ingredientes. Sobre ese hielo vierto el gin puro, agito y sirvo. Esto es todo, y resulta insuperable." (N. de G.R.: ¡doy fe!)

domingo, agosto 10, 2008

Compañero de caminatas


Si bien es cierto que me encanta apoltronarme en un cómodo sillón y disfrutar el tiempo en pláticas y tabaco, caminar es algo que, por la mañana temprano o por las noches, disfruto. No cuando el sol está en todo su esplendor, no me agrada mucho el calor, así que busco horas en las que la temperatura es agradable.


En diciembre pasado murió Hans, un hermoso schnauzer gigante que me acompañó por 15 años. Los últimos días no le fueron fáciles, el simple hecho de pararse le era trabajoso. No se diga caminar, dejó de acompañarme en mis paseos un mes antes de morir.


Pero, como muchas cosas en la vida, llegó su remplazo: Filemón. Un schnauzer standard que ha resultado buen caminante. Vuelvo a gozar de un compañero para mis paseos.

jueves, julio 31, 2008

tarde de vino


Algo de lo que se puede gozar durante los días libres, es disfrutar con los amigos. Hoy tendré la visita de algunos de ellos, para beber un tinto y fumar buen tabaco. El vino en cuestión es un Ribera del Duero: Altos de Tamarón Crianza 2004. Según la información que tengo, ha sido una elección venturosa, ya lo sabremos más adelante. Lo importante es poderse dar un tiempo para disfrutar en buena compañía. Tiempo, tiempo para uno, para el gozo. Ay! Que nos traen a las carreras y no nos dan tiempo de vivir...

domingo, junio 29, 2008

En México.


En esta semana que termina fuí a la Ciudad de México. El viaje lo realicé para hacer unos trámites, pero lo que aquí me interesa comentar no es eso, sino algo de naturaleza distinta.


Si bien es cierto que soy de aquellos que huyeron de esa ciudad, no por eso dejo de apreciar algunas partes de la misma que son realmente hermosas. De no ser por el tráfico, y por que ya empiezo a perderme en mi propia (ex)ciudad, realmente la gozaría más.


Por supuesto, parte de lo que me fascina de mis visitas es el poder ver a mis amistades. Núnca se pueden ver a tantas como yo desearía, pero siempre puedo ver a seres queridos. Está la familia, con la que me gusta estar y platicar. El miércoles por la noche cené con la mayoría de mis hermanos. Es bueno ponerse al tanto y recordar las cosas que una y otra vez se cuentan. Tal vez sea la nostalgia, o el tratar de mantener la unión y cariño que nos tenemos.


Como en todos mis viajes, trato de visitar a mis queridas amigas Gonzalez Baez. A quien no he podido ver fué a Laurencia Evans, pintora, ex compañera de la Esmeralda, amistad que cultivo con cariño. También me invitó a cenar Paloma, amiga de la universidad, y a quien en mucho debo haber terminado mis estudios universitarios. A esa cena fué Román, con quien recorrí todos los años escolares, o casi todos.


Tuve la surte de poder comer con José Joaquín Herrera, Presidente del Círculo de la Pipa México. Nos encontramos en su oficina, de donde partimos al Centro Vasco a comer y hablar de nuestro tema: la pipa y los clubes de pipafumadores. Siempre de plática amable e interesante, hablamos de la Federación de Pipaclubes, a la que quiere dar mayor vida. Me entregó una pipa de espuma de mar que había adquirido con anterioridad, pipa que conmemora uno de los aniversarios del club de México. También me sorprendió con un libro sobre fumada lenta, para que, según me dijo, vaya preparandome para la fumada lenta nacional. Me obsequió un retacador con el logo del Círcula de la Pipa México, muy bonito.



De la Casa del Fumador (Pabellón Polanco) me traje unos puros dominicanos y un cubano. También tabaco para pipa: latakia para hacer algunas mezclas; una lata de Navy Flake, de Mac Baren; y Black Ambrosia, también de Mac Baren, y que pienso compartir en la siguiente reunión del Pipaclub San Luis. En una visita que hice a Interlomas, me encontre, en el centro comercial, una tabaquería, de la que no recuerdo bien el nomre (algo así como Mister Puro o Mister Habano). Ahí compré una latita de Squadron Leader, de Samuel gawith, y que tanto me han recomendado.


Ya habrá tiempo de probar tanto tabaco, pero hay otros a la espera. Aunque me muero de ganas de abrirlos, he decidio ir acabando poco a poco con mi pequeña caba, porque luego tengo un montón de tabacos abiertos, y es dificil mantenerlos en buen estado.


Del viaje me he quedado satisfecho, pero también con algunos pendientes. Por aquello de los trámites y el trabajo que llevé para hacer - ¡Pronto terminaré la maestría! - me quedé con ganas de ver alguna exposición, ver a más amigos, entre ellos a Gustavo Chavezcamacho, Presidente del Azteca Pipaclub (¡Ya será para la otra, Gustavo!).


Siempre es bueno regresar al terruño...


*En la foto, Gustavo Chavezcamacho y yo, en San Luis Potosí.

martes, abril 08, 2008

Old Dublin


En esto del tabaco se habla de maridajes. Hay quienes afirman que no es como con el vino, pero, a final de cuentas, los fumadores vamos adquieriendo cierto gusto por algunas combinaciónes. He leído, por ejemplo, que al fumar habanos, se recomienda un buen ron añejado y chocolate amargo. Esta es una combinación que he de probar, me apetece, aunque tal vez no tanto, ya que no me he animado. Tengo todo lo necesario, así que, cualquier día de estos que tenga tiempo suficiente, lo haré.


De lo que sí he estado gustando es de fumar Old Dublin junto con Earl Grey con un chorrito de leche. Uno de los fumadores del Círculo de la Pipa México (el Sr Janeiro) gusta de fumar su pipa con un vaso de leche, idea que, en un principio, no me agradó. Sin embargo, después recordé que yo suelo fumar alguna mezcla lataquiada al mismo tiempo que saboreo mi thé favorito: Earl Grey con un chorrito de leche. La combinación me agrada, el thé limpia la lengua y el paladar y permite saborear la fumada.


Llevo ya algunos días disfrutando de esta combinación. Habré de probar otras, pero ésta es una que gozo de buena gana al fumar por las tardes. Buenos humos.

miércoles, marzo 12, 2008

y va de nuez...

En estos tiempos en los que fumar pareciera un acto de desprecio a la sociedad, un acto ilícito, los pipafumadores persisten en su necia supervivencia. Así este blog, que con una corta vida, y más corto número de textos, permanece.
¿Tendré algo interesante que decir? No estoy seguro, pero el deseo de escribir y comunicarme es algo cierto. Así que aquí estoy, escribiendo de nuevo, disfrutando de la afición de fumar en pipa, de los amigos, del vino y el estudio.