¿Tendremos que ver la muerte de cerca para vivir la vida? Aunque el tema de este blog es el de gozar la vida, hay momentos en los que la muerte está muy cerca. Hace casi dos años mi madre murió. Fué un hecho difícil, duro, pero los hijos quedamos tranquilos, habiendo visto a mi madre morir con la certeza de que murió como vivió, con entereza, aceptando lo que estaba viviendo.
Ahora estamos acompañando a mi suegra en sus últimos días, en su casa, con los suyos. Ha sido una mujer con gran fuerza. Se interesó por China Popular y la estudió, viajó para verla de primera mano, dió alguna conferencia sobre ese país en la Sociedad de Amistad con China Popular y algunos estudiantes chinos (del Colegio de México) la felicitaron por lo que sabía y lo que presentó.
Leyó muchísimo, le encantaba hacerlo. Escribió, y lo hizo bien. Participó en una compañía de teatro y actuó en San Luis y en otros lugares, incluyendo al Teatro de la Paz, "EL" escenario de San Luis. Trabajó, y lo hizo como los mejores.
Es madre de 9, y ha sido una suegra maravillosa: interesante, respetuosa y quien me dió mi lugar. Le gustaba la buena comida, un buen trago. Amenazó con fumar a los 50, pero eso no lo cumplió. Lo intentó pero no le gustó. Eso no le impidió fumar algún purito para festejar, le gustaba el aroma de los puros.
Se está apagando, poco a poco. Aún en estos últimos momentos nos ha regalado con su humor y su gran persona. La extrañaré, la quiero. Pero la recordaré como lo que ha sido, una gran mujer que gozó y sufrió la vida con intensidad. Una vez cerrado algún capítulo, lo dejaba atrás, aunque su memoria es envidiable. Nos deja muchas enseñanzas, nos va a hacer falta, pero así es la vida. Las personas mueren y, los que quedamos, podemos recordar lo que han sido.
P.S. (2 de enero de 2010) Maruca nos dejó el 30 de diciembre de 2009, a las 17:35.


