
En estos últimos días he escuchado, varias veces, el análisis que algunos hacen de la vida que nos ha tocado vivir. Parece haber una visión mas o menos igual: nuestra vida está llena de compromisos inmediatos, infinidad de actividades por hacer y todo a una velocidad desquiciante. Las ciudades están creadas a base de redes de circulación de vehículos que pueden (¿podrían, tal vez?) circular a grandes velocidades, lo que nos permitiría cumplir con eficiencia todo lo que tenemos que hacer.
Para algunas personas, el tiempo libre es tan solo un sueño. Pareciera que hemos dejado de poder manejar nuestro tiempo, tiempo individual, personal. La administración del tiempo se ha vuelto el privilegio de unos cuantos.
Me pregunto si esto es verdaderamente cierto. ¿Acaso seré uno de esos privilegiados que, si no por completo, puedo darme el lujo de administrar gran parte de mi tiempo? Pero ese no es el punto que quiero tratar, sino otro que puede darnos una perspectiva distinta de nuestra individualidad, de encontrar ese medio para reconocernos y reconocer nuestro entorno.
Veo un creciente interés en actividades que dejan de ser tan mecanizadas, tan instantaneas, como el resto de nuestra vida. Es como contraponer esta tendencia que se va formando en todos nosotros de gratificación instantanea, como cuando nos molesta el simple hecho de tener que movernos un poco de nuestro cómodo lugar para alcanzar el control de la televisión y poder cambiar el canal.
Actividades como dibujar, hacer libros artesanales, labrar la madera o simplemente preparar algun platillo especial para compartir. Dentro de estas actividades está el fumar en pipa, esta afición que se resiste a morir y que, en México, mantiene a un grupo de personas disfrutando de tan placentero hábito.
¿Por qué creo que el fumar en pipa es una actividad especial? Bueno, no se trata nada mas de fumar, así de fumar por fumar, como con los cigarros, tan adecuados a nuestra sociedad de todo fácil y rápido. Tampoco es igual al fumar puros, otra buena manera de apreciar el tabaco, con refinados matices, para lo cual, en terminos un tanto simples, solo es necesario prender el puro y fumar.
La pipa es especial. Se que no todos pueden apreciar las cualidades que yo le veo, pero puedo afirmar sin duda alguna que es una afición muy especial. Pensando en este tema recordé una lectura que hice hace algún tiempo. Un texto escrito por un señor llamado Jeff Culbreath que se titula "Porqué fumo en pipa"*. El título parece simple, tan simple como para dar una respuesta simple, pero él crea un texto maravillosos con sus motivos, con motivos profundos. Me permito traducir un párrafo del texto original en inglès:
"El fumar en pipa debería ser reconocido como un acierto cultural, un correctivo para los tantos defectos y disfunciones de nuestra era moderna. Como una actividad de ocio, el fumar una pipa toma una considerable cantidad de tiempo y preocupación. Hay una rutina en el cargado, el retacado, encendido y la limpieza. Hay los varios utencilios y accesorios. El hacer cualquier otra cosa del todo, mientras simultaneamente se fuma una pipa, requiere de habilidad, experiencia y una gran cantidad de serenidad personal. En nuestra era tecnológica, de arreglos rápidos y gratificación instantanea, fumar en pipa enseña esmero manual y paciencia. En un mundo en donde la novedad y el sensacionalismo es la norma del día, fumar en pipa provee de ritual y confianza. En una economía capitalista donde la "eficiencia" es exaltada sobre todas las cosas, el fumar en pipa se gloría en la tradición y se deleita en la cultura. En un mundo ordinario, donde las personas siempre están en movimiento, fumar en pipa requiere que pares y huelas el tabaco, por así decirlo. ¿Podríamos decir que echar bocanadas de una pipa inculca virtud? ¡Sí, nos atrevemos a decirlo!"
*Este texto fué publicado en Pipes Digest, Pipe Friendly y The Tobacco Times. Alguna vez intenté, sin suerte, contactar al autor para solicitar un permiso de traducir y publicar el texto completo en español. Espero tener mejor suerte en el futuro. En la fotografía aparece Carl G. Jung.