martes, mayo 25, 2010

La llamada.


El sábado pasado, por la noche, salía yo del aeropuerto. Confieso que no estaba seguro de a dónde ir, pero entonces me pasaron un celular, porque querían hablar conmigo. "Hola" - dije. Al otro lado de la línea me saludó mi madre. Su voz sonaba emocionada, alegre: "Mijito, ¿cómo estás? ¡Qué gusto!". "Mamá, mamá, ¿cómo estás?". "Hijo, qué gusto...". Con voz impaciente, mi padre entra en la conversación, "Bueno. ¿Qué pasa, dónde estás?", pero yo no le hago caso. "Mamá, hola mamá, ¿qué cuentas?". "Mijo...". Estoy contento de hablar con ella, no me importa la molestia de mi padre por la hora. Pero, de repente, pienso que no es posible que esté hablando con mi madre. ¿Cómo es que puedo si ella ha muerto?
Todavía hoy, a esta hora, me sigo recriminando. ¿Cómo puedo permitir que en mi sueño, en lugar de dejar hablar a mi madre, conversar con ella, tenga que volverme tan lógico como para pensar que no puedo hablar con un muerto? Lo bueno es que todas las noches duermo.

No hay comentarios.: