
Está por terminar el año, y no puedo evitar recordar a mi padre diciéndome: "Es momento de revisar qué hiciste y qué dejaste de hacer. Piensa en que tienes una nueva oportunidad, un año nuevo para ser mejor" El año que termina ha sido uno bueno para mi. Si bien en lo económico ha sido difícil, he tenido la oportunidad de aprender muchísimo.
Estoy estudiando de nuevo, leyendo lo que personas con gran conocimiento han dicho. Tratando de estructurar cierta información a la luz de lo que es mi actividad como profesor. Por supuesto que es un ejercicio que me cuestiona, y estoy agradecido de poderlo hacer en compañía de personas que tienen más experiencia o conocimiento que yo.
Una de estas personas, tal vez quien de momento tiene mayor influencia en mi, es la coordinadora de la maestría en educación de la Universidad Marista, en San Luis: la Maestra Isabel Villarreal. De manera sutil - y con conocimiento de causa - nos va guiando para descubrir un mundo apasionante, el de la educación, que en última instancia se refiere al hombre mismo. Sutilmente, porque apenas notamos su presencia, pero sus comentarios son atinados, en el momento preciso.
Los que estamos en su curso, nos dejamos guiar, con emoción y pasión por lo que hacemos: enseñar. Es esta actividad, la de educar, la que nos mueve a preguntarnos qué es el hombre, quiénes son nuestros alumnos, qué necesitan. El curso nos formula preguntas que nos van descubriendo como docentes, como personas, con virtudes, pero también con errores que podemos corregir, pulir.
Así vuelvo al tema de inicio. Una de las cosas que me interesa en la actualidad es simplificar mi vida. Pareciera un mero deseo en este mundo tan complejo. Pero la gran cantidad de libros y manuales, cursos, talleres que se pueden encontrar, nos dicen que las personas buscan simplificar sus vidas. Es querer buscar la esencia, para ir despojándonod de lo que no sirve, lo que nos entorpece.
Quiero cerrar con unpequeño texto de un autor estadounidense, Jerome Klapka Jerome, que aparece en uno de esos libros de los que hablaba:
"Haz que el barco de tu vida sea ligero, cargado sólo con lo que necesitas: una casa familiar, placeres sencillos, uno o dos amigos que merezcan tal nombre, alguien a quien querer y que te quiera, un gato, un perro, y una pipa o dos, suficiente comida y el abrigo necesario, y un poco más de la bebida que precisas, porque la sed es una cosa peligrosa" (Simplifica tu vida, de Elaine St. James. Oasis, Barcelona, 1996).
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